martes, septiembre 05, 2006

100 años...

Caótica, desde no ser planeada, al colarse a través de la "T de cobre" y asustar un poco...

Cuando abrió los ojos y una ráfaga de luz le cegó la mirada, no quedarían ya recuerdos "del interior", no sentiría nunca más la mano cálida a través del vientre materno, ni el líquido caliente en su piel desnuda entrando y saliendo por cada poro.
Tenía los ojos grises y la piel blanca, casi transparente. La bañaron y cubrieron, como si su piel necesitara que la cubran. Sintió el primer beso y en la lengua el sabor de la leche tibia.
Dormía todo el día y lloraba poco; la habían "entrenado" de tal modo que diera tiempo para hacer muchas cosas además de cuidarla.


El cabello le iba creciendo, los "churos castaños" causaban sensación a todas las visitas, los ojos grises se tornaron azules, luego verdes, por último eran como los de su madre; la piel blanca se "tostaba" de vez en cuando con el sol de la mañana. Sus extremidades fueron creciendo, su voz cambiaba, desarrollaba ideas y ocurrencias... los juegos, el ratón de los dientes, la bicicleta, las muñecas, las travesuras que quedaban casi siempre "a medias", los golpes, rasguños, los garabatos, los deseos en navidad que nunca se hacían realidad, los patines que nunca tuvo, los cuentos, las melodías que entonaba la abuelita en el piano, las visitas de ésta cada cumpleaños, la pelota, el columpio, la "soga" para saltar, "el elástico", las bufandas que perdía siempre en la escuela, los pequeños hurtos de "crema chantilli" en casa, los castigos, el perro muerto, la "casita de muñecas" que nunca tuvo y que tanto le fue prometida, la importancia que daba siempre a las palabras y que nadie nunca entendería, los sapos que eran cruelmente acribillados por su hermana mayor, los "chanchitos" y las "cuicas" que encontraba bajo los troncos del jardín, el pavo que chumado y sin cabeza correteaba el césped, las gallinas encerradas para que el perro no se las coma, los cuentos de Disney, la primera película en VHS, la TV en blanco y negro, que pocas veces le dejaban ver, las rosas de la vecina que iban desapareciendo porque los pétalos eran dulces, el fideo crudo cuando no habían más que comer, las 5 bolas de chicle a go-go que se metía a la boca y que "a duras penas" conseguía masticar sin que se le saliera más de la mitad, el dinero que tomaba del cajón de su madre sin saber que era malo hacerlo, la operación, cuando le pusieron anestesia e imaginó su muerte sin saber exactamente el porqué, el amor por los helados, los primeros conejos, las miradas de reproche y desaprobación de sus compañeras en la escuela, su odio a todo el mundo, su soledad, las gradas de la escuela donde se sentaba a ver cómo todas jugaban sin ella, la rayuela que nunca paraba de dibujar en cada acera con un pedazo de teja naranja, el encierro que sentía en casa, la hermana que no entendía que solo quería jugar un poco porque nadie más la quería cerca, las malas notas, los recados de la maestra en el cuaderno de los deberes, sus padres en la escuela, la psicóloga infantil, los primeros consejos...

Los años transcurrían...

El espejo empezó a ser su peor enemigo, la ropa rara, las miradas de desaprobación que continuaban; la noche que enfermó y mágicamente aprendió a dibujar, sus primeras pinturas, las clases de piano con "la seño" rusa, su primer "enamorado", el del traje de loro, y orejas de elefante, jugar a "las escondidas" con sus padres, las mentiras, el creer que todo era fácil, el "primer amor", el "primer beso", los reclamos de sus padres, sus ganas de opinar, su boca cerrada, su cuaderno universitario a cuadros, sus primeros escritos, su fragilidad ante la vida... los libros, sus mejores amigos, las escapadas de la misa para curiosear los viejos libros en la biblioteca, el grupo juvenil, los bailes de las compañeras a los que nunca le invitaban, los permisos que no conseguía de sus padres, los rechazos que continuaban, el odio que crecía, el abandono de su hermana tras una confesión, el "retiro" los amigos, las llamadas por teléfono, las coqueterías, los buses, el viaje a la ciudad sola, la especialidad en el colegio, el nacimiento de su sobrina, la graduación tan deseada!!. El instituto, el miedo al rechazo de nuevo, el "encaje", el cariño de los profesores, los chicos...

El hombre que la siguió por años, las mentiras para poder "escapar", el retar a la muerte atravesando la carretera con los brazos abiertos, en media vía, esperando sentir un solo golpe, un solo final; los cortes en los brazos, los dibujos con su propia sangre, la poesía de César Vallejo, los cuentos de Cortázar, la música de Silvio, su primer tabaco, la pintura en la yema de los dedos mientras sus ojos se volvían cristales; todos los demás hombres que conoció, la ansiedad, la enfermedad que rondaba su casa, los problemas del hogar que poco a poco iría perdiendo, las peleas, las "pérdidas de control", el miedo, la compañía que casi siempre terminaba por ser una costumbre, el trabajo, su necesidad de guardar grandes y pequeñas cosas en cualquier lugar, lejos de ella misma...!
La confianza que daría a esos ojos profundos, las preguntas sin respuestas, las emociones que seguirían desbordándose por cada poro de su piel al más mínimo contacto, la ansiedad, la frustración, la tristeza, la soledad, los sueños, el vacío, el silencio, el fuego...

A veces, cuando está sola en casa, baja descalza y en silencio las tibias gradas, va al "estudio", toma el álbum de fotografías de entre los demás libros, se mira y no comprende muchas cosas, sabe que el brillo de sus ojos aún no está del todo perdido, siente que ha vivido más de 100 años... Escucha los pájaros en el jardín, guarda las fotografías con cuidado, entra a la cocina, que es la ruta que lleva al patio... cuando cierra la puerta cierra también los ojos... nada ha sido en vano, y sin embargo, a veces pareciera que no conserva en absoluto nada de los sitios por donde ha estado vagando...

6 comentarios:

Ingeniador dijo...

Visto como tu huella digital desde lejos, el camino de las cosas por las que has pasado, las cicatrices, los muros, las arrugas, y un inexplicable anhelo de seguir sufriendo y disfrutando en este valle temporal.

Siempre me han gustado los caminos sombríos y profundos, tal vez por eso me caes bien por momentos

Hiscariotte dijo...

Y los años seguirán pasando, y a lo mejor llegan a sumar doscientos, y habrán nuevas fotografías para hacer comparaciones. Para entonces comprenderás muchas cosas; no todas, muchas.

¿Sabes? Este es definitivamente uno de tus textos que más me ha gustado; te sentí más cercana, de una u otra manera. Un abrazo.

Anónimo dijo...

SABES QUE TODO ES EL ENCANTO DE LA VIDA DE CADA SER Y MUY BIEN LO NARRAS Y COMO AFIRMAS TU MISMO NADA ES EN VANO; CAADA EVENTO Y CIRCUNSTANCIA LE PERMITE SER UNICO , DIFERENTE Y A LA VEZ PARTE DE TODOS. DIRIA QUE ES EL ARTE DE VIVIR LA VIDA

FELICIDADES
mariarosa

Noa- dijo...

Gracias por tu paso y tus palabras en mi rincón.

Saludos

Gatto dijo...

Así igual, cuando nos damos cuenta la vida ha pasado así de rápido...

Besos felinos

Eljosebo dijo...

En realidad es valientemente profundo. Es difícil resumir una vida, en las cosas que nos pasan,y en como nosotros les pasamos a esas cosas.

Si uno mira atrás todo parece tan lejano, pero todo eso está más claro que nunca en el ahora.

Suerte