domingo, noviembre 09, 2014

SOBRE EL TRANSPORTE EN MI CIUDAD

Me indigna el servicio de buses que hay aquí, principalmente me refiero al área donde los tomo y por donde continuamente transito. Si, en el Valle de los Chillos, lo usual es que, los controladores o cobradores, o como deseen llamarlos sean groseros cuando una no les da "sueltos", que le hagan a una bajarse al vuelo y al apuro, porque van compitiendo entre cooperativas, que ni bien una pone un pie en las gradas, el bus ya arranca y entonces busca de dónde o de quién te agarras porque sino es golpe o caída segura, ah, y no hay que olvidar que siguen haciendo subir a más personas cuando en realidad ni en el medio del bus hay dónde poner un pie... y, lastimosamente, creo que la gran mayoría de usuarios simplemente se han acostumbrado... al trato, a viajar como sardinas, a pasar casi aplastados en medio de las otras personas para tratar de bajar en la parada deseada, y con tiempo, porque sino empieza una pelea increíble con el controlador quién le grita al pasajero que debía haber empezado a bajar con más anticipación... Y nadie dice nada, casi nadie cede el puesto, los niños entran corriendo y se escabullen en medio de las demás personas, sus madres no les enseñan que hay que respetar a todos, ellos pasan con sus mochilas, pisando, empujando, golpeando, y no regresan ni a ver para quién fue el golpe, peor a pedir disculpas…

Todo es una cadena de eventos a los que simplemente hay que prepararse cuando se trata de transportarse en buses, y todos somos culpables:

Desde las mamás que envían a sus hijos a pasar entre todas las personas muy groseramente, las personas que dejan sus vehículos estacionados en las paradas de los buses, impidiendo así que éstos puedan dejar a los pasajeros allí, teniendo, el pasajero, que bajarse en medio de la calle, con el peligro de que una moto o a veces hasta otro automóvil lo arrolle… los que jamás ceden su puesto a nadie por ninguna razón, ni a embarazadas, ni a mamás con guaguas tiernos, mucho menos a los pobres ancianos que no pueden ni pararse, peor agarrarse de algo en el interior del movedizo bus… los controladores que pretenden que una salga como loca corriendo con dos cuadras de anticipación y se baje al vuelo, los buseros que van compitiendo, siendo que casi siempre sus recorridos con los otros buses toman rumbos distintos… hasta los que nos conformamos y callamos simplemente por evitar peleas “innecesarias” que más que para ser escandalosas no sirven para nada.

A nadie le importa el otro, prácticamente todos ven por sí mismos y nada más. El otro que se joda. Estoy segura de que si preguntaran a los pasajeros si prefieren ir en bus o en auto particular, al menos el 80% de viajeros preferirían un automóvil particular, para no tener que padecer todos los malos tratos que este medio de trasporte brinda.

Quizás no me hubiera fijado en todas estas cosas antes, no es que me considere anciana, pero, la juventud le da a uno más energía, hasta quemeimportismo frente a situaciones así; quizás cuando viajo sola es más fácil y simplemente les sigo el ritmo a los apurados buseros. Pero eso no quita la realidad del mundo que nos toca vivir.

No debería ponerme a pensar el mundo que les estamos dejando a nuestros hijos, me entristece ver el prácticamente nulo interés de la gente hacia el bien de sus semejantes. Yo, como madre, le enseño a mi hijo a respetar a las demás personas, a decir “permiso”, a dar el puesto, hasta a cuidar el trasporte… y seguramente yo soy una de pocas.


Finalmente, lo que más me indigna, es que, desde donde estoy, siento no puedo hacer nada, más que seguir en el triste conformismo… y seguir siendo culpable por ello.

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